lunes, 4 de mayo de 2020

LA ALIANZA PUBLICO-PRIVADA EN EL SISTEMA DE SALUD EN MEXICO

La pandemia del coronavirus agravó la crisis derivada de las dificultades estructurales y el precario estado de los recursos materiales y profesionales, de las unidades de atención de  las instituciones del sector público que recibió el gobierno de AMLO, desde las que están integradas en la SSA, los servicios estatales de salud, hasta las de seguridad social (IMSS-ISSSTE). Lo más dramático está siendo enfrentar la realidad de las insuficientes camas hospitalarias y de unidades de cuidados intensivos, con los equipos de ventilación respiratoria, el personal médico y de enfermería, especializado para lograr la cobertura total de los pacientes con las graves complicaciones que genera el virus Covid-19. 
 
Meses atrás, desde el 1 de enero, cuando entró en vigor el decreto federal sobre las reformas a la Ley General de Salud, que garantizaba a plenitud el derecho a la salud de todas y todos los mexicanos, AMLO y el gabinete de salud iniciaban estrategias y acciones a nivel nacional, para lograr la suficiencia de recursos en todas las unidades clínicas y hospitalarias del sector salud, que garantizaran el otorgamiento de la atención medica y medicamentos en forma gratuita, sin ningún costo para los usuarios de los servicios. Pero el rezago era impresionante, a las limitaciones presupuestarias, que impedían incrementar el porcentaje del Producto Interno Bruto, al tema de la salud, que por más de una década no ha llegado ni al 3%, y en este presupuesto del 2020 se mantuvo en 2.6 %, siendo el país con menos inversión pública entre los miembros de la Organización para el Desarrollo Económico (OCDE), irrumpieron los graves rezago como los 327 hospitales, clínicas y centros de salud que están abandonados o a medio construir, que son escandalosos monumentos de la incompetencia, la corrupción y el tráfico de influencias. Se suma además un déficit de 200 mil médicos de los cuales 123 mil son generales y 77 mil son especialistas, según datos de la Secretaría de Salud. Ni que decir de la corrupción imperante en el sistema de compra y distribución de medicamentos, que según AMLO, se concentró en unos cuantos proveedores de medicamentos, se compraban con sobreprecio, y en muchos casos la inversión pública no garantizaba la disponibilidad de los productos, muchas de las compras fueron irregulares. No había abasto, comprando a tres, cuatro o hasta 10 veces más el valor real de un medicamento. Había políticos vendiendo medicinas o protegiendo a distribuidores de medicinas, una práctica cotidiana de comprar equipo médico, contratar servicios y adquirir medicinas a través de empresas consideradas "fantasma", con facturas falsas.
 
Al proceso de deterioro en el sistema nacional de salud, inmersas en el modelo neoliberal dirigido a que el estado marginara su responsabilidad, no solo en este derecho fundamental sino en los otros deberes del bienestar de la población, como la educación, alimentación, vivienda y los servicios públicos como los energéticos, agua, drenaje. etc,  se sumó el fortalecimiento de su modelo de atención a la salud inmerso en la curación, desdeñando la prevención, con sus peroratas de calidad en la atención integral, que el mercantilismo imperante solo llevo a la deshumanización del ejercicio de la medicina, en el marco del individualismo y las lacras de sus competitividades, engendradas en su dios dinero y el libre mercado, la organización y participación comunitaria en los procesos de salud-enfermedad fue reducida a sus usos políticos, clientelares, con la simulación en las actividades de prevención, promoción y fomento de la salud. 
 
En este contexto de deterioro y en el nombre de las ganancias emergió, como dice López Gatell, Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud de la SSA, la privatización subrepticia, se idealizo que los empresarios podrían suplir las dificultades y carencias del sector público, proliferaron los servicios privados, profundizándose el modelo de subrogación de servicios, que oficialmente deberían ser otorgados por las instituciones públicas del sector salud, sin llegar a garantizar la cobertura ni la calidad, la mayoría en ámbitos específicos de servicios auxiliares de diagnostico o atención a las enfermedades, concentrándose en las capitales de los estados y sin atender am las regiones inmersas en la pobreza y desnutrición, logrando satisfacer sus voraces intereses económicos en las redes de corrupción que hoy conocemos a detalle.
 
Hoy que estamos en la pandemia, el pasado 13 de abril 2020, el presidente Andrés Manuel López Obrador, ha aceptado un convenio para la prestación subrogada de servicios médicos y hospitalarios, entre el Sector público de la salud (SSA-IMSS-ISSSTE-SEDENA-SEMAR-INSABI-PEMEX) y el Sector privado, sumándose a la campaña “Todos Juntos contra el Covid-19”, en un marco no lucrativo, con costos mínimos, para que el sector público, haga uso de 50 por ciento de la capacidad, en sus 146 hospitales distribuidos en 27 entidades federativas, brindando los servicios médico-hospitalarios de segundo nivel a pacientes del sector público, con procedimientos para atención del parto, embarazo, puerperio, cesáreas, enfermedades del apéndice, hernias complicadas, úlceras gástricas y duodenales complicadas, endoscopías y algunas urgencias abdominales. Los costos serán asumidos por el gobierno federal, liquidando a los privados con una tarifa idéntica, al monto que representa el tabulador de los costos existentes en los hospitales públicos, expresan que quieren trabajar a costo, sin ganar absolutamente nada, sólo quieren salir con los gastos.
 
Esta alianza Publico-Privada, es un hecho histórico, cuyo espíritu solidario y fraternal, debería prevalecer con  la política de salud de la Cuarta Transformación, concretando estrategias y acciones, que permitan el anhelo de lograr el derecho de atención a la salud, con cobertura universal, con calidad en un modelo humanista, integral, donde ya no prevalezcan los desmesurados intereses mercantilista y sus lacras de corrupción, solo así garantizaremos en el mediano plazo  un futuro promisorio del sistema de salud en México.