martes, 22 de agosto de 2017

SIN RESPETO, LOS VALORES ESENCIALES SON LIQUIDADOS, LA VIOLENCIA EMERGE


El domingo pasado, vivencié una falta de respeto violenta hacia mi persona, en el marco de una reunión del Consejo Estatal de MORENA, paradójicamente fue la solicitar respeto a nuestro órgano máximo de autoridad política, donde solicité que personajes que habían renunciado a su militancia y estatus de consejeros, fundamentando aversión hacia nuestro partido, cuando menos nos explicaran el motivo de su presencia en esta reunión y en todo caso el porqué de su reintegración, el compañero aludido, para sorpresa de todos y todas las integrantes del Consejo, al tomar el micrófono se dirige iracundo hacía mi lugar y en vez de responder, vocifera amenazante, insultante y pendencieramente hacía mi persona, su conducta es inmediatamente de total rechazo de los asistentes y la presidenta del Consejo le retira el micrófono, reprocha ese uso para violentar, lo cual le molesta más y me amenaza en mi integridad física, como niño hace alusión que me espera a la salida. Inmutados mis compañeros y compañeras me cuestionaban que porque toleraba eso, les respondía que el manejo de los trastornos de conducta son el pan de cada día, como trabajador de la salud mental.   

Uno de las conductas que más trasciende, como proyectiva del grado de desarrollo humano de las personas, las instituciones y nuestra sociedad, es sin duda el respeto en las relaciones humanas, donde tenemos que armonizar nuestro comportamiento con las leyes, normas, principios y valores que nos rigen; si este no se da, emerge el primitivismo de la ira de la barbarie, que hoy nos distingue en el mundo como uno de los países más violentos con sus millones de víctimas en asesinatos, secuestros y desapariciones, que a diario nos muestran sin escrúpulos en sus espacios noticiosos con sus imágenes y textos amarillistas los medios informativos.

La ausencia o deficiencia del respeto en el seno de la personalidad es lo que obstaculiza la integración de la honestidad, la responsabilidad, el amor fraternal y solidario con sus expresiones generosas de la bondad, del reconocimiento de las personas, la gratitud por sus aportaciones por mínimas que sean en los diferentes ámbitos de su existencia, sea en la familia, la escuela, el medio laboral o en cualquier organización e institución de nuestra sociedad.

El respeto es uno de los comportamientos que más he estado observando ausente en la crianza de los niños, en el seno de las relaciones familiares, en la relaciones de pareja, en las escuelas, hacia los maestros, en los medios laborales, entre políticos, sobre todo de las figuras de autoridad, hacia sus subordinados que con cinismo explotan sus necesidades económicas de los trabajadores, ahí donde los códigos de ética son simplemente palabras que exhiben sus demagogias y perversiones de sus personalidades.

Lo más lamentable y peligroso para la humanidad, es que la falta de respeto enaltece a las figuras de autoridad empoderadas, desde padres de familia, hasta políticos gobernantes de países poderosos como el nuestro, ahí está el abominable Peña Nieto y el Bronco en nuestro estado, con sus proclives conductas machistas irrespetuosas hacia todo persona que utilice su libertad de expresión y no se diga de Donald Trump y sus funcionarios ultraderechistas que exigen agresivamente sumisión a sus posturas políticas, económicas y sociales inmersas en el conservadurismo retrogrado, deshumanizante no sólo de su país, sino de nuestras sociedades.

Las personas que no respetan son las que sin ninguna mesura mienten, engañan, no conocen la virtud de dar su palabra, de ser leales a convicciones pactadas, traicionan y en la desnudez de su exhibición irrespetuosa, responden con los extremos emocionales del ser humano que van de la violencia dirigida hacia el objeto que lo denuncia o la dirigen  o abusivamente a sus débiles integrantes de sus familias o instituciones, todo por no reconocer la virtud suprema de nuestra cultura judeocristiana: el perdón. Sí, reconocer la falta de respeto en uno mismo, es el principio de perdonarse, reconocer el error, para transformarse e iniciar el proceso de integración de ese gran valor de la humanidad que es el respeto magnificado en la célebre frase de nuestro prócer patrio Benito Juárez: “Entre los individuos como entre las Naciones el Respeto al  Derecho ajeno es la Paz”.


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