viernes, 9 de noviembre de 2018

DEMOCRACIAS ELECTORALES, DE LA ESTUPIDEZ A LA LOCURA DE LOS VOTANTES

Lo que acaba de decidir el pueblo brasileño, en su elección presidencial del domingo 28 de octubre, en la segunda vuelta,  eligiendo por una mayoría  amplia a el ultraderechista Jair Bolsonaro, que ganó con 55.18 por ciento (57.7 millones de votos) contra el 44.82 por ciento (46.8 millones de sufragios) de su contrincante, el izquierdista Fernando Haddad, con 99.91 por ciento, no tiene explicación lógica, racional y se suma a  una más de las decisiones donde falla la inteligencia de los ciudadanos y ciudadanas, mostrando en todo su esplendor esa estupidez humana, que el filósofo Humberto Eco, una y otra vez describía en sus ensayos, como uno de los principales obstáculos para el desarrollo humano de nuestras sociedades.
Ya había sucedido, en la última década, hechos similares, sobre estas decisiones electorales, ahí están los casos de elección de los presidentes Rodrigo Duterte, de Filipinas, Donald Trump de EUA, Mauricio Macri, de Argentina, personajes evidentemente inmersos en un perfil muy cuestionable, no sólo en relación a sus convicciones ideológicas políticas conservadoras, despóticas con tintes facistoides sino con evidentes conductas, emociones y sus rasgos de personalidad que fundamentan diagnósticos de trastornos de salud mental, por más que  uno no quiera psiquiatrizar en los políticos.
Como es posible, que el pueblo brasileños haya electo a un ultraderechista, militar retirado, mesiánico, autodeclarado misógino, racista, homofobo, clasista, que reivindica la pena de muerte,  que calificó a la ONU de nido de comunistas, con un programa económico fundamentalista neoliberal, que propuso retroceder las políticas sociales, sobre todo las educativas y de salud, alcanzadas en los últimos lustros por Brasil, con sus peroratas de luchar contra los políticos corruptos y sus discursos incendiarios, como el que librará al país del peligro “comunista o socialista”, defenderá a la familia y sus tradiciones, y tendrá como base de decisiones la Biblia y la Constitución.

Sin duda,  los que han triunfado, han sido los sectores más corruptos y oligárquicos de las clases políticas conservadoras, hijas del militarismo dictatorial, engendros del neofascismo que asoló a nuestros países de América Latina y del Caribe y particularmente a Brasil desde el siglo pasado y que en los últimos años rabiaron por el avance democrático, social y económico, que habían logrado los gobiernos de izquierda, democráticos encabezados por los ex presidentes Lula da Silva y Dilma Rousseff, para que este país latinoamericano, el más poblado, fuera el más poderoso en términos económicos, por lo que ferozmente fueron perseguidos, reprimidos y procesados mediante acciones judiciales, inventando delitos, que lograron eliminarlos  sus derechos político ciudadanos.
Los grandes perdedores fueron los gobernantes, militantes y dirigentes del PT, que fueron incapaces no sólo de lograr estrategias y acciones políticas contundentes para frenar la guerra sucia de las oligarquías económicas dominantes y sus poderes mediáticos y judiciales, sino además de no combatir la corrupción y mantenerla fuera de ese instituto político, además de sus incapacidades de fortalecer sus vínculos no sólo con las clases medias y empobrecidas sino con las organizaciones y movimientos sociales que les fundamentaron las victorias electorales por más de 15 años. 

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