viernes, 16 de abril de 2010

LA SALUD MENTAL DE LOS NIÑOS

En este mes de Abril celebramos a los niños, lamentablemente para la mayoría de los ciudadanos prevalece como un ejercicio más que promueve el consumismo mercantilista deshumanizante que padecemos en nuestra sociedad donde los niños son victimas de la lacerante pobreza, la violencia familiar, escolar y social con el abuso sexual y sus trascendentes casos de pederastia hechos por sacerdotes de la iglesia católica; el abuso y explotación de que son objeto en el marco del trafico de seres humanos, la prostitución y su integración a la abominable industria del sexo; además de la mala educación pública a la que están expuestos, el uso consumista con los denominados alimentos chatarra que las escuelas y los medios de comunicación se niegan a dejar de abusar en su prevaleciente promoción y fomento, y ni que decir de su ingreso cada vez mas temprano a las cifras de la obesidad y otros trastornos alimentarios, la diabetes, suicidios, alcoholismo y abuso de drogas entre otros.

Sigue siendo vigente la frase que alguna vez expresara el psicoanalista Santiago Ramírez de “Infancia es destino” al conceptualizar que el desarrollo en la infancia es definitivo no sólo en la aparición de trastornos de salud mental del adulto sino además en el desarrollo pleno de las potencialidades del ser humano. Ha sido concluyente que las condiciones del desarrollo biológico durante y después de la fecundación y las condiciones físicas, emocionales, psicológicas, económicas y sociales de la madre y el infante repercutirán positiva o negativamente en su salud, definida por la OMS como “el Completo Bienestar físico mental y social y no solo la ausencia de enfermedad o invalidez física”.
Parafraseando a Albert Einstein no tiene sentido la palabra progreso mientras haya niños infelices y pareciera ser que los gobernantes adultos se empecinan a su idea del progreso a costa de deteriorar el bienestar y la prosperidad de nuestros niños incrementando las carencias alimentarías, educativas, sanitarias, afectivas, recreativas y sociales por la reducción de los recursos públicos que deberían invertirse durante la infancia para el futuro de nuestra patria y que mas sacrifican en el marco de las crisis financieras como la que hemos venido padeciendo, ahí están sus cifras de los presupuestos en educación y salud que siguen sin alcanzar su incremento de gasto del PIB cuando menos del 8% como lo han venido recomendando los organismos internacionales para mejorar el desarrollo social y humano de nuestra sociedad.

En el mundo todavía hay millones de niños sin acceso a la escuela y a los servicios de salud principalmente en los países pobres de Asía, África. América y el Caribe. La crisis financiera puede traer en consecuencia el surgimiento de una “generación perdida”, ha advertido la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO): 175 millones de niños afectados por la malnutrición, 72 millones de infantes sin escolarizar y, si todo sigue igual, en 2015 habrá 56 millones sin escuela y 759 millones de analfabetas, 16 por ciento de los menores de cinco años tienen raquitismo grave o moderado, lo que significa tener una estatura insuficiente respecto a la edad, debido a la insuficiencia de nutrientes. En México todavía hay 109 mil menores sin escolarizar, 13 por ciento de los niños mexicanos padecen “raquitismo moderado y grave”, con efectos “irreversibles”, lo que afecta su capacidad de aprendizaje y les acarrea daños a “largo plazo”, como un desarrollo cognitivo menor y la terminación de estudios a un nivel de enseñanza inferior, se estima que 27 de cada mil niños nacidos en la zona morirán antes de haber cumplido cinco años.

Pues bien en el marco de la salud mental de los niños por más investigaciones científicas de las neurociencias y las bases moleculares y genéticas que se realizan para encontrar alteraciones determinantes de la conducta y de las enfermedades mentales, la conclusión prevaleciente es que ni un solo factor genético por si mismo determina estas alteraciones; los genes si acaso aportan susceptibilidad y será su curso de desarrollo biológico y ambiental lo que se convertirá en la patogénesis del trastorno de la salud mental o comportamental. Por ejemplo en el caso del comportamiento violento se ha descubierto que sólo un 20 por ciento de los casos de comportamientos violentos tienen una causa biológica, es decir están relacionados con problemas del desarrollo neurológico, mientras que el 80 por ciento restante está relacionado con factores ambientales, fundamentalmente la educación y el trato que se da a los hijos. Así lo ha asegurado José Sanmartín, presidente del Centro Reina Sofía de España. Según Sanmartín, los desencadenantes que generan actitudes violentas comienzan a gestarse en el embarazo y el parto y son reforzados con el ambiente en que se críe el niño: "No existe un gen de la violencia; la violencia humana se desata por mecanismos biológicos tras los cuales existen genes, pero que siempre interactúan con el ambiente"

Los antecedentes biomédicos y psicosociales del curso de desarrollo del niño nos permiten pronosticar en gran medida no sólo su destino en el contexto de su salud mental sino además el alcance de sus expectativas educativas, laborales y existenciales en su futuro.

Si bien es cierto que hemos avanzado en los programas preventivos de salud dirigidos al niño disminuyendo las tasas de morbilidad y mortalidad que antes provocaban las enfermedades infecciosas, también es cierto que la prevención y fomento de la salud mental de los niños ha tenido un rezago importante incrementándose los trastornos de salud mental de nuestros niños mexicanos.
La población infantil en México se estima en más de 33 millones de niños, de los que un 7% entre los 3 y los 12 años de edad se encuentran afectados por uno o más problemas de salud mental que requieren algún tipo de atención médica o ayuda especializada. Los datos epidemiológicos nacionales recientes que ha reportado la Secretaría de Salud (SSA) sobre trastornos mentales y del comportamiento en niños y adolescentes, indican una alta prevalencia en trastornos hipercinéticos asociados al déficit de atención, trastornos mentales debidos a lesión o enfermedad médica y retardo mental. Se observa también un incremento en la tendencia al consumo de drogas y alcohol, y una mayor incidencia en problemas de depresión, intentos suicidas y acciones violentas.
Los estudios sobre la prevalencia de trastornos psiquiátricos efectuados en niños reportan entre un 14 y 20%, de los cuales el 7% son casos severos. En relación a los niños el 15% padece algún trastorno mental que se manifiesta como trastorno de conducta y/o aprendizaje, 4% padecen el trastorno por déficit de atención, el retardo mental afecta del 1 al 3% de la población, tan sólo en las escuelas de educación especial de la SEP se atienden anualmente 140 mil niños con problemas de aprendizaje, la epilepsia tiene una prevalencia de 2.1% en los niños siendo el trastorno psiconeurológico más frecuente 6 a 8 casos por mil habitantes. Los trastornos de conducta, de adaptación, de aprendizaje y emocionales son más frecuentes que los trastornos generalizados del desarrollo o los debidos a lesión o disfunción cerebral, o a enfermedades somáticas.
Los padecimientos mentales y del comportamiento en la infancia y en la adolescencia son complejos y diversos; las principales manifestaciones de estos trastornos las observamos en la conducta y en el aprendizaje del menor y deben ser identificadas como señales de alarma por parte de los padres y los maestros de escuela. Sin embargo esta detección oportuna en la mayoría de los casos no se realiza y el problema va evolucionando en perjuicio tanto del menor como del medio ambiente en el que se desarrolla. Otro dato importante es la falta de conocimiento sobre los servicios de salud mental para esta población, obstaculizando la pronta atención; aún en los casos detectados, los padres y los maestros no los canalizan al sitio adecuado y son diagnosticados de manera errónea y tratados inadecuadamente.
Por otra parte, aún no se ha logrado tener un enfoque integral en la atención a los trastornos mentales y del comportamiento en niños y adolescentes, ya que la atención médica que se proporciona es limitada y no necesariamente está vinculada a una atención escolar que integre a los padres o tutores del menor. La deficiente coordinación interinstitucional para el diagnostico y tratamiento oportuno de estos problemas ha hecho que se incremente la cronicidad y con ello ensombrecer el futuro de los niños de nuestro país.
Lo ideal seria que lográramos la integracional funcional y operativa de las instituciones publicas asistenciales, educativas y de salud dirigidas a los niños en una red de servicios para la prevención y fomento de la salud mental sin las trabas burocráticas que dificultan el desarrollo de las actividades para la atención de estos problemas.
En el marco de un buen programa de salud mental comunitaria es fundamental promover Comités de salud mental en cada una de las escuelas publicas donde los maestros, los alumnos y padres de familia reciban la información necesaria para hacer la detección oportuna y la canalización adecuada del niño con desviaciones en su desarrollo y detener la absurda expulsión y marginación de que son objeto en el sistema educativo actual, como si el problema fuera solo responsabilidad de los padres.
La realidad es que la falta de cobertura universal de los servicios de salud en nuestro país sigue constituyendo un grave problema para la atención de los trastornos de salud no sólo originados por las infecciones y demás causas físicas sino además para integrar transversalmente la salud mental en los programas de salud pública, lo cual provoca carencias en el contexto de la atención de los trastornos de salud mental y problemas de conducta de los niños que hoy una vez mas estamos postergando.
Nuestro futuro sigue siendo sombrío en el marco del desarrollo social y humano, lo que le estamos dando a los niños ellos nos lo daran a la sociedad.

1 comentario:

  1. Estimado Ricardo:
    Tu artículo relativo a los niños me sirvió de apoyo para exigir a Zacarías Villarreal mediante oficio, la atención médica y psicológica de los niños que fueron testigos mudos y víctimas inocentes de la violencia con que se dejó a su familia sin hogar en la Colonia Industrial.
    Al oficio que presenté hoy te prometo darle seguimiento puntual, estoy muy preocupada porque ya algunos niños reportan erupciones y ampollas en su piel, desconozco si son por estrés o por la insalubridad a que quedaron expuestos al vivir prácticamente a la intemperie, rodeados de escombros, cacharros y sin la debida atención alimenticia y de aseo personal.
    Recibe mi respetuoso abrazo.
    Sra. Ma. de Jesús M. de Marqueda

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