jueves, 22 de abril de 2010

SOBRE LA PAIDOFILIA Y LOS PEDERASTAS

Se encuentra en el debate público de la prensa y los medios de comunicación las declaraciones de sacerdotes del episcopado mexicano acerca del problema de la pederastia que ha involucrado a connotados ministros de ese culto como el extinto padre Marcial Maciel, que desde 1948 hasta entrada la década de los setentas abusó sexualmente de niños de entre 12 y 17 años que le fueron entregados en custodia “para dedicarlos al Señor” por familias confiadas en la orden de los Legionarios de Cristo que el había fundado, logrando un poder espiritual, económico y político trascendente al interior de la iglesia; llegaron a sumar más de 30 las acusaciones de reconocidos sacerdotes, empresarios y académicos que, ya adultos, se atrevieron a relatar lo que habían vivido dentro de la congregación; también fue acusado de abuso sexual por tres de sus hijos: Omar, José Raúl y Christian González Lara quienes junto con su madre Blanca Estela Lara Gutiérrez (a quien también engaño Maciel) lo acusaron de haber sido un gran mentiroso, usurpador de personalidades, manipulador y un hombre pedofilico.
También esta el caso del desaparecido sacerdote Carlos Nicolás Aguilar Rivera acusado de abuso sexual de docenas de menores en México y Estados Unidos donde se ha involucrado como encubridores a los cardenales Norberto Rivera Carrera y Roger Mahony. Nicolás Aguilar comenzó los ataques sexuales a menores en 1986, cuando era sacerdote de la iglesia de San Sebastián Mártir en Tehuacan, Puebla y presuntamente fue obligado a salir del país, enviado a la ciudad de los Ángeles en Estados Unidos a la diócesis del cardenal Mahony, donde continuo con los abusos. Otro de los ignominiosos hechos de abuso sexual se refieren al sacerdote Lawrence Murphy quien dirigía una escuela de Milwaukee, Wisconsin de niños sordomudos abusando sexualmente de más de 200 de ellos en un lapso de casi un cuarto de siglo 1950-1974. Todos ellos bien documentados en el periódico la Jornada y referidos en el libro “En el nombre del Padre: depredadores sexuales en la Iglesia” escrito en el 2004 por Carlos Fazio periodista uruguayo radicado en México donde analiza en forma documentada la mayoría de estos hechos desde los abusos sexuales en las diócesis católicas de Estados Unidos hasta la vida oculta del ex nuncio apostólico en México Girolamo Prigione y su historial de abuso de monjas.
Resulta que Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de las Casas ante la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) aseguró que uno de los factores que propician la pederastia es el libertinaje y la liberalidad sexual, expuso que debido a la “invasión de erotismo” en la sociedad “no es fácil, a veces, mantenerse fiel tanto en el celibato como en el respeto a los niños”, agrego “este medio ambiente contrario a la castidad y al celibato es muy difícil que alguien se mantenga puro, y no sólo los sacerdotes, sino que cualquier esposo o esposa puedan ser fieles”, luego declararía que los libros de texto de la SEP incitan al “libertinaje sexual”, ya que transmiten “sólo información genital” y omiten una guía moral sobre el tema, lo cual contribuye a ese libertinaje causante de estas perversiones. Por su parte René Rodríguez, secretario de la Conferencia del Episcopado Mexicano declararía que “los problemas de pederastia se deben a varios factores, la sociedad ha tendido a ser muy liberal en ética sexual y se ha promovido la no prohibición, sino la tolerancia a todo desorden; ahora vemos las consecuencias”. Posteriormente los sacerdotes progresistas Samuel Ruiz García obispo emérito de San Cristóbal de las Casas y Raúl Vera titular de la diócesis de Saltillo coincidirían en que la cultura del erotismo afecta a toda la sociedad y como consecuencia a los sacerdotes, que están inmersos en ella”. Finalmente el Papa Benedicto XVI (Joseph Ratzinger) reconoció esta semana que la Iglesia católica “está herida” y “es pecadora”, tras la crisis que ha envuelto a numerosos de sus sacerdotes en casos de abuso sexual contra menores
La pederastia ha tomado relevancia no sólo por la prevalencia detectada en la iglesia católica adjetivándola como clerical, sino además por la integración de las redes de explotación sexual que a nivel mundial trafican con niños y que activistas como Lydia Cacho han denunciado en sus obras como “Los demonios del Edén”, donde esta vasta red de prostitución y pornografía infantil que involucra a diversas personalidades de los círculos políticos y empresariales del país a quedado impune A este respecto, cabe recordar las declaraciones de la fiscal especial para la Atención de los Delitos Relacionados con Actos de Violencia contra las Mujeres de la Procuraduría General de la República (PGR), Alicia Elena Pérez Duarte, quien en marzo del año pasado aseguró que Succar Kuri es la cabeza de una red de pederastia, turismo sexual y trata de mujeres que opera en Baja California, estado de México, Distrito Federal, Puebla, Chiapas, Veracruz y Quintana Roo, sin que a la fecha se ejerza la justicia contra esa red. A finales de los ochentas un desatacado trabajador social me informaba que tuvo que emigrar a Texas porque había sido amenazado de muerte si persistía en sus denuncias sobre el abuso sexual de que eran objeto los niños en una institución altruista de nuestro estado por políticos poderosos que saciaban sus placeres con el beneplácito de los directivos institucionales; en fin la pederastia ha coexistido con múltiples historias de impunidad al amparo del silencio y la mentira que tarde o temprano serán destruidos para enfrentar realidades como hoy dolorosamente la iglesia lo esta aceptando.
Lo cierto es que en los últimos tiempos, nos enfrentamos a noticias cada vez más frecuentes relacionadas con abuso sexual a menores. Pederastia y pedofilia son dos términos que se relacionan con los agresores de estas acciones: pederastas y pedófilos (paidófilos). Aunque etimológicamente podemos encontrar diferencias en su significado, desde el punto de vista clínico, el DSM-IV-TR (APA, 2005) sólo utiliza el término de pedofilia, se incluye dentro del apartado de los trastornos sexuales compartiendo capítulo con el resto de las parafilias, la característica esencial supone actividades sexuales con niños en el marco de la persistencia de fantasías sexuales altamente excitantes durante un periodo de al menos seis meses. Algunos de los pedófilos no llegan nunca a abusar de niños, sino que se quedan en los límites de las fantasías sexuales. Por lo que sucintamente debemos definir la pedofilia como la atracción erótica o sexual de un adulto hacia un niño, pederastia como abuso sexual de niños y proxenetismo como el beneficio obtenido mediante la prostitución de otro, usualmente un menor de edad.
El elemento común en el pedófilo es el abuso sexual del niño, el cual es seducido y usado con distintos propósitos de satisfacción sexual. El pedófilo está convencido de que su conducta es original y creativa, que incluso, le aporta al niño vivencias, conocimientos y placeres que contribuirán a su crecimiento, que la sociedad represora e intrusa, le impide amar al niño y el niño amar al adulto. Detrás de ello hay una adhesión al mito de la eterna juventud, anclado en la idealización del cuerpo y de la belleza infantil y adolescente. Lo anterior da a la mayor parte de los pedófilos, un rasgo psicopático. Su convicción les permite enfrentarse al grupo y a la sociedad con una seguridad y cinismo que desorienta y sorprende. Con toda tranquilidad eligen profesiones y actividades que los mantengan cerca de los niños, para de esta forma ejercer su desviación.

Los pedofilicos tienen comorbilidad con trastornos psiquiátricos coexistiendo con el trastorno depresivo, de angustia, trastornos de personalidad, de abuso de substancias y otras psicopatías. Los diferentes estudios efectuados han referido que mas del 90% son varones, el 70% superan los 35 años de edad, la mayor parte son profesionales calificados, de niveles sociales medios y altos, la mayoría no tiene antecedentes penales, normalmente tienen una familia a su cargo, en más del 30% de los casos se trata del padre, el tío o el abuelo de la víctima. Frecuentemente han sufrido traumas o abusos sexuales infantiles, el padre estuvo ausente o muerto, fueron sumamente desvalorizados y despreciado por la madre, su nivel de reincidencia es altísimo, aun después de ser descubiertos y condenados no suelen ser conflictivos en la cárcel y muestran buen comportamiento, no reconocen los hechos ni asumen su responsabilidad, sus canales de sublimación son escasos, su tolerancia a la frustración es frágil y su impulsividad es alta, su inmadurez en el desarrollo psicosexual hacen que se refugien en un mundo sexual fantástico que le brinda excitación, estimulación y apoyo al que queda fijado, su tendencia sexual está siempre mezclada con el deseo de controlar, de humillar, de ejercer el poder, de descargarse sexual y agresivamente, con falta de consideración, respeto y empatía hacia el otro. El pedófilo utiliza la actuación y la hipersexualización, es decir, recrea un escenario y lo llena de contenidos eróticos excitantes de placer sexual, tapando así la angustia, el vacío, la amargura o la desesperación de su estado mental, además, siempre aplica en mayor o menor medida un cierto montante de agresión. Aunque la neurobiología ha tratado de fundamentar teorías etiológicas de la pedofilia, en la genética, las alteraciones hormonales o la disfunción anatómica de las estructuras que integran los circuitos del placer (Sistema Limbico) en el sistema nervioso, lo mas que ha logrado es el hallazgo de defectos sutiles de la amígdala derecha y de las estructuras cercanas relacionadas, que pudieran estar implicados en la patogénesis de la pedofília que posiblemente reflejen disturbios de desarrollo o insultos ambientales en los períodos críticos.

En cualquier caso existen diferentes métodos de tratamiento para el pedofilo como el uso de fármacos esteroides, compuestos de progesterona y antagonistas del eje hipotálamo-hipofisario consideradas como drogas reductoras del impulso sexual; también el uso de reductores de obsesiones, compulsiones y ansiedad asociada como los inhibidores selectivos de recaptación de serotonina y el uso de algunos neurolépticos. También existen terapias de aversión, recondicionamiento orgásmico, técnicas de biofeedback, terapias psicodinámicas y cognoscitivas, su eficiencia dependerá del manejo integral de estos pacientes en el marco interdisciplinario que exige para su rehabilitación.

Como podemos ver la pederastia va mas allá del supuesto “libertinaje sexual” que se empecinan en la iglesia a señalar como la causa de su prevalencia, lo que la iglesia debería de reflexionar para adecuarse a la modernidad del desarrollo de las neurociencias, de las ciencias de la conducta y de la sexología es si el celibato, esa exigencia de renunciar a los placeres de la sexualidad debe seguir vigente y en su caso cuestionarse que ha estado sucediendo a su interior en la formación y el mantenimiento de sus sacerdotes para este celibato porque la espiritualidad y sus nutrientes de principios y valores cristianos para este apostolado no les permite mantener los mecanismos de compensación y sublimación necesarios para lograr el manejo adecuado de los impulsos sexuales en sus religiosos católicos que lo transgreden hasta pervertirse en el abuso sexual con los feligreses y los niños. Desde que fue impuesto en el siglo XVI, en el Concilio de Trento, este celibato sacerdotal obligatorio como se le conoce en la actualidad ha sido cuestionado no sólo por las otras corrientes ideológicas del cristianismo que no lo aceptan y permiten que sus ministros de culto ejerzan su sexualidad en el seno del matrimonio sino además ha sido considerado como un factor de riesgo del abuso sexual por parte de sacerdotes que no están preparados cabalmente para asumir esta difícil obligación que debe armonizar espiritualidad con la naturaleza humana de los instintos que en el pasado los teólogos fundamentalistas se posicionan como imposible al malinterpretar la teoría psicoanalista freudiana.

Los estudios sobre la sexualidad del clero han demostrado que el comportamiento sexual esta activo, si bien se oculta por su prohibición, por ser un pecado capital transgresor del ascetismo. En su libro "La Vida Sexual del Clero", el especialista Pepe Rodríguez, editado en Barcelona en 1995, incluye una encuesta que realizó a 400 sacerdotes sobre sus preferencias y actividades sexuales en España, lo que encontró fue lo siguiente: 95% de los sacerdotes se masturba; 60% mantiene relaciones sexuales; 26% abusa de menores; 20% realiza prácticas homosexuales; 12% es exclusivamente homosexual, y 7% comete abusos sexuales graves con menores. En cuanto a preferencias sexuales, 53% tiene relaciones sexuales con mujeres adultas; 21% con varones adultos; 14% con varones menores, y 12% con mujeres menores. Su estudio es concluyente: la mayoría de los miembros del clero mantiene relaciones sexuales, señala la absoluta falta de legitimidad evangélica del celibato obligatorio, y analizan los intereses que mueven a la jerarquía católica a forzar hábitos sexuales patológicos y/o delictivos entre el clero.

Abordar los problemas de la sexualidad en la iglesia implica hacer un ejercicio autocrítica que permita abordar realidades, no es correcto en el marco de la prevalencia de esta pederastia clerical y las otras formas de abuso sexual ubicar el problema sólo en el exterior en la situación del erotismo pervertido en el proceso de deshumanización y mercantilismo hedonista que el neoliberalismo ha incrementado al promover el valor de uso en todos los ámbitos de la vida humana desdeñando la importancia del ser y la integración plena de los valores que nos hacen humanos y que deben enaltecer y estar mas fortalecidos para quienes el ascetismo es toda una filosofía de la vida tratando de contribuir a alcanzar los mejores niveles de desarrollo humano de nuestra sociedad. El erotismo es inherente a la sociedad humana el supuesto incremento es prejuicioso y subjetivo, ha estado ahí presente en todas las etapas de la historia de la humanidad, reprimido sí conforme a los determinantes culturales de cada época, actualmente lo que se ha incrementado es la perversión mercantilista de la sexualidad en sus formas mas degradantes desde las formas mas sublimes proyectadas por la industria del sexo a través de sus medios cinematográficos y televisivos de entretenimiento, hasta el ejercicio de la prostitucion y sus lacras indignantes de pornografía y trafico de infantes para al explotación sexual donde prevalecen mas la corrupción y los intereses políticos-económicos de los grupos delincuentes y empresariales relacionados con esta industria.

La libertad sexual, al igual que la libertad de culto son como todas las libertades son factores estimulantes del desarrollo humano, cuando existe la coerción o la represión de la libertad humana en cualquiera de sus expresiones los retrocesos del desarrollo individual y colectivo se hacen presentes, estar en contra de la educación sexual y la promoción y fomento de la salud sexual para todos es y será uno de los factores de riesgo que incrementaran los abusos sexuales y son los mejores antídotos contra el abuso sexual en cualquiera de sus manifestaciones aun aquellas criminales como es el caso de la pederastia y la violación sexual.

Para quienes trabajamos para la salud mental las vivencias cotidianas nos hacen afrontar realidades en nuestros pacientes al correlacionarse claramente algunos de los trastornos psiquiátricos con la ignorancia, los mitos y prejuicios sobre la sexualidad humana derivados de la ausente o mala educación sexual que en el seno de la familia y las instituciones educativas prevalece desde los niveles básicos hasta la educación superior, mas en aquellas que son formadoras de profesionistas educadores, trabajadores de la salud o de aquellas que tratan de incidir en el desarrollo humano, en pleno siglo XXI resulta aberrante escuchar opiniones de maestros, médicos y otros profesionistas sobre este tema y otros relacionados con la sexualidad con referentes inmersos en esta ignorancia y desinformación básica que sustituyen con elaborados juicios moralistas que transgreden la esencia de su rol trascendente para el desarrollo de nuestra sociedad.

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