jueves, 3 de julio de 2014

DOCTRINARISMO


Uno de los obstáculos para el desarrollo humano y social, que afecta gravemente a las organizaciones sociales y políticas ha sido el doctrinarismo. Por doctrinario me estoy refiriendo al uso como adjetivo, de acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española, “perteneciente o relativo a una doctrina determinada, especialmente la de un partido político o una institución”, doctrinarismo sería entonces la cualidad de doctrinario, quien ejerce esa función esta adoctrinando, que se ha convertido en un término que ha adquirido connotaciones negativas a partir del siglo anterior, cuando prevaleció como una de las estrategias sistematizadas para fortalecer dogmas y servir de base para mantener el totalitarismo de los estados donde las ideologías, los movimientos, los regímenes políticos y la libertad, fue y es seriamente restringida, y el Estado ejerce todo el poder sin divisiones ni restricciones.
Ha sido el adoctrinamiento mediante procesos, muchos de ellos definidos reeducativos, otros como el denominado “lavado de cerebro”, cuyo resultado final es que las personas integren, consciente e inconscientemente, plenamente un sistema de conductas, con sus ideologías, sus formas de pensar, creencias, rituales y valores capaces de fortalecer sus capacidades de acción y el fomento de sus contenidos, para la integración de nuevos miembros que permitan expandirse y retroalimentar así sus grupos facciosos. El lavado de cerebro, también conocido como reforma del pensamiento, educación, adoctrinamiento o reeducación, consiste en la aplicación de diversas técnicas de persuasión, coercitivas o no, mediante las cuales cambiar, en mayor o menor grado, las creencias, conducta, pensamientos y comportamiento de un individuo o sociedad, con el propósito de ejercer sobre ellos reconducciones o controles políticas, religiosas y cualquier otro.
La diferencia entre doctrina y educación, de acuerdo con la enciclopedia de Wikipedia, (http://es.wikipedia.org/wiki/Adoctrinamiento), “consiste en que en la educación se persigue que el educando (la persona a educar) permanezca lo más superficial posible a los conocimientos acumulados y los analice; mientras que en la adoctrinación, el educando permanece dentro del cuerpo de conocimientos o creencias y absorbe sus enseñanzas.” Históricamente, el adoctrinado, integra los dogmas, que son el fundamento capital de toda doctrina, o incluso en una ciencia, cuyo sentido más común es el de un postulado fundamental de una creencia sostenida por una religión, escuela filosófica, ideología o una organización de autoridad o un sistema, como es el caso del capitalismo y su expresión más contemporánea, el neoliberalismo, que tendrían en su esencia un carácter religioso: necesidad de culto y fe y aparición de una dogmática propia que sostenga el culto, el adoctrinamiento se caracteriza por esa fe ciega y la ausencia de pensamiento crítico de los educandos.
En las posturas doctrinarias se integran contextos ideológicos rígidos, asumiendo como verdades absolutas sus creencias, sus pensamientos, los conocimientos inmersos en las teorías que los sustentan, rechazando toda forma de crítica y no se diga del sano escepticismo, que históricamente le ha servido a la humanidad como una de las formas de pensamiento para su evolución y el logro de los grandes desarrollos en conocimiento de las ciencias que estamos viviendo.  
Sus personajes, principalmente sus líderes, la mayoría padecen del trastorno narcisista de personalidad, que de acuerdo al Manual Diagnostico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV-R) es habitual en ellos: el sobrevalorar sus capacidades y exagerar sus conocimientos y cualidades, frecuentemente dan la impresión de ser jactanciosos y presuntuosos, están preocupados por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, creen que son especiales y únicos, exigen admiración excesiva, interpersonalmente son explotadores, sacan provecho de los demás, carecen de empatía, presentan comportamientos o actitudes arrogantes o soberbias. Otros han padecido trastornos psicóticos, como la Esquizofrenia sobre todo en su forma Paranoide.
En mi experiencia con grupos políticos, he observado que son incapaces de afrontar con tolerancia y prudencia los diálogos analíticos, recurriendo a esa instintiva defensa mediante la descalificación, generalmente ironizando, inferiorizando a sus críticos, proyectando sus complejos de superioridad, sus instintos dominantes los llevan a realizar conductas autoritarias, que en el extremo han llevado a los terribles  fanatismos políticos y religiosos, con los miles de ejemplos de tragedias, que en la historia de la humanidad han generado los múltiples genocidios y los engendros de los sistemas totalitarios dictatoriales del pasado y presente, que han prevalecido en nuestro mundo.                                                                                                                              
El adoctrinamiento actual que prevalece en nuestras sociedades y que ha sido promovido por las élites sociales dominantes como medio de control social no es explícito ni necesariamente coactivo, pero sí influyente, como lo ejercen en los medios de comunicación social actualmente.
El doctrinarismo obstaculiza además la integración de la cultura democrática dado que la mayor parte de los ciudadanos no recibe la información necesaria para hacer decisiones racionales sobre asuntos éticos, sociales, económicos y políticos, sino más bien la que los doctrinarios, quieren y desean que se comunique para retroalimentar su sobrevivencia.
Por la salud mental y política, digamos no al doctrinarismo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario