jueves, 27 de mayo de 2010

LA SOCIEDAD DE LA BARBARIE

Es increíble lo que estamos viviendo en nuestra sociedad: un gobierno que usa la publicidad parar convencer con sus reiteradas mentiras, en torno a su “victoriosa guerra” contra la delincuencia, las crisis económicas, el desempleo, la pobreza, la agresión y represión de los movimientos sociales en las comunidades autónomas de Chiapas, Cópala Oaxaca, Atenco y el intento perseverante de exterminio laboral y sindical perverso dirigido a los trabajadores electricistas del Luz y Fuerza del Centro y los mineros de la heroica ciudad de Cananea; la tragedia impune de los niños de la guardería ABC; los asesinatos de niños, estudiantes y mujeres por los enfrentamientos de los militares; la proliferación de concesiones y comodatos de las autoridades en forma burda y transgresoras de la leyes (Bosque de la pastora, guarderías, obra pública con edificios y pasos a desnivel derrumbándose, escuelas patito, proveedurías de servicios etc.); niños y pacientes que mueren impunemente por carencias o deficiencias medicas; delincuentes imponiendo sus condiciones en zonas de control con la complicidad de elementos de las fuerzas de seguridad que secuestran, asesinan, lesionan, amenazan u ofrecen protección a las mismas compañías aseguradoras, como publicó el periódico Universal de nuestro país hace unos días, informando ademas que uno de los investigadores contratados por las compañías de seguros señala que además de los accidentes simulados, los grupos de la delincuencia organizada controlan la venta de licor adulterado en la zona metropolitana de la capital regia y mantienen elevados niveles de secuestro, extorsión y robos con violencia incrementando el secuestro y asesinatos de periodistas, políticos y empresarios de todos tipos y en los diferentes niveles socioeconómicos de nuestra sociedad. Por otra parte ha seguido el incremento considerable del consumo de drogas, alcohol, tabaco, el incremento de la violencia social, familiar, escolar y las diferentes manifestaciones de la violencia infantil, el aumento de las redes de prostitución y sus lacras de explotación sexual infantil y pederastia; los giros negros sin control integrados a la estructura de la delincuencia organizada, los establecimientos dedicados a la venta de alcohol controlados por la simulación y la impunidad, la proliferación de los centros de apuestas con toda un sistema de estimulación de la ludopatía con sus maquinitas de apuestas colocadas desde las zonas mas pobres hasta las clases medias altas.

Todos estos ejemplos son sólo síntomas de la grave desintegración social que nos afecta a toda la sociedad sin exclusiones, claro quien tiene mas poder puede negar estos síntomas y transformarlos en condiciones normales de nuestros tiempos para justificarlos en tanto afronta su propio miedo buscando mas protección y disminución de las conductas de riesgo para no ser afectado en sus diferentes niveles de seguridad física, patrimonial o económica; conducta que propiciado la existencia estimada de de “ejércitos” privados al margen de la ley, que aglutinan a unos 900 mil elementos en todo el país y que tan sólo en Nuevo León, aunque la Secretaría de Seguridad Pública del estado carece de datos precisos sobre las empresas de seguridad, investigadores calculan que son mil y que están conformadas por más de 20 mil elementos, el doble de policías que hay en nuestro estado, la seguridad privada se vuelve un negocio pujante y peligroso ante el contexto de corrupción institucional y la fuerte presencia del crimen. Ni que decir de todos los partidos políticos de nuestro país convertidos en los estercoleros de lo peor de la política y el poder navegando en el nefasto pragmatismo y el clientelismo heredero de la cultura política del priísmo donde las ideologías, los principios y los valores son prostituidas a cambio de mantener el poder y la impunidad de sus vividores, que se alimentan de la corrupción y la transgresión de la legalidad e infiltrados por la delincuencia que bien les ha enseñado trabajar como las mejores mafias modernas.

Increíble ha sido la pasividad de la mayoría de los ciudadanos que sólo son reactivos y se paralizan ante las tragedias, algunas focalizadas por los medios en su papel manipulador y distractor de los problemas sociales de fondo, navegando en la superficialidad de las emociones más primitivas, en el nombre del raiting mercantilista que los monopolios televisivos promueven. Resulta más increíble el adormecimiento de la mayoría de los integrantes de las clases intelectuales conformadas por académicos, investigadores, periodistas profesionistas, artistas y educadores aletargados en su cotidianidad ambientada en sus zonas de confort buscando satisfacer su hedonismo materialista con el poder maldito del dinero y los apoyos extras que gustosamente les proporcionan sus jefes y/o patrones del gobierno en el marco de esa circularidad que exitosamente ha sabido manejar el sistema a quienes no pongan en riesgo su estructura y sus funciones alienantes propias de su pregonado modelo neoliberal del desarrollo humano. Resulta comprensible la pasividad de las clases bajas subsumidas en la ignorancia, la desinformación y la lucha diaria por sobrevivir, victimas de los medios, los políticas clientelares y asistencialistas de los gobiernos y los partidos políticos; en tanto las sufrida clase media inmersa en el consumismo con su lucha obsesionada por comprar, con el temor a descender y el deseo de avanzar, socialmente desinteresadas en los problemas sociales, viviendo del crédito y de los afanes estereotipados de tener la mejor vivienda, los mejores insumos para su vestuario, recreación y diversión. Lo mas patético ha sido la integración alienante al sistema de la mayoría de los activistas sociales defensores de los derechos humanos, el feminismo, la equidad de genero, la diversidad sexual, la ecología y cientos mas en organizaciones no gubernamentales que han sucumbido a las mieles del presupuesto público en las secretarias de desarrollo social que el estado implemento en todos los niveles de gobierno para pescarlos con las migajas que les otorgan sometiéndolos a la pasividad y el acriticismo silencioso, haciendo mal uso del ejercicio de sus derechos que son y serán incondicionales.

Es absurdo que algunos funcionarios públicos nos sugieran aprender a convivir con la violencia social, proyectando no sólo su ignorancia sino el sentido común, ya no digamos contrastando con toda la evidencia del conocimiento científico acumulado acerca de este tema. La pasividad de los intelectuales y políticos llega al absurdo de ni siquiera incorporar el conocimiento derivado del desarrollo científico-técnico en sus posturas ante los problemas que alientan esta barbarie social que padecemos. Si antes de este periodo atroz, la mayoría esgrimía no querer perder los satisfactores económicos y el disfrute de la calidad de vida que derivan del trabajo alienante hoy se refuerza con el miedo a perder la integridad física, cada vez son menos los que aceptan los riesgos al promover y mantener el activismo de la oposición y el movimiento de la esperanza para lograr la transformación social que no sólo dignifique a nuestra sociedad sino que logre alcanzar el anhelado desarrollo humano que como mexicanos nos merecemos derivado del heroísmo revolucionario de nuestros ancestros que jamás se doblegaron ante los riesgos que significaba enarbolar los ideales de las luchas revolucionarias e independentistas que nuestra patria ha enfrentado. Sin duda lo que hace falta es la emergencia de ciudadanos capaces de rebelarse contra esta barbarie social, asumiendo los riesgos necesarios que trastocan las comodidades y los placeres cotidianos derivados de los satisfactores económicos y patrimoniales. Acabar con la insensibilidad, promover la protesta, exigir los derechos, dejar la pasividad, asumir la critica, proponer los cambios; en pocas palabras romper el silencio cómplice que nutre a los cobardes, abusivos y explotadores en todos los ámbitos y niveles de la vida social y que genera la barbarie social que amenaza desintegrarnos en las comunidades y nuestras familias.

Jerarquizar en primer lugar las formas de ser para lograr la acumulación de riquezas económicas y patrimoniales y los satisfactores del consumismo mercantilista en el que estamos inmersos debería dar paso a la búsqueda del enriquecimiento existencial de valores y principios congruentes con el mejor nivel del desarrollo social y humano que han sido evidenciados en las sociedades más avanzadas como las más generadoras de bienestar, felicidad y prosperidad. No debemos dejar que avance la sociedad de la barbarie nutrida por la corrupción y la conducta delincuente galopantes en el individualismo deshumanizante que el mercantilismo impone. Tenemos miles de años de civilización y sólo dos mil de influencia judeo-cristiana, la sociedad de la barbarie ha sido un transito en el desarrollo histórico de las naciones desarrolladas, no debemos dejar que el conformismo nos invada y prolonguemos la estancia nefasta de esta etapa.

El control de la violencia, la injusticia, la corrupción y la delincuencia que prevalece necesita de la acción decidida de todos, históricamente ha sido todo el pueblo que al actuar unido ha logrado desmantelar las redes articuladas generadoras de esta barbarie social en beneficio de toda la sociedad y no de algunos de los grupos políticos o de la delincuencia organizada. No esperemos que se incremente el terrorismo sobre nuestra sociedad que sumaria miles de muertos inocentes mas a nuestra tragedia, ya los expertos internacionales lo han señalado una y otra vez: es necesaria la acción decidida del estado sobre la corrupción y la delincuencia organizada, no sólo penalizando sus conductas sino desarticulando sus estructuras no sólo organizativas sino las financieras que finalmente son las que otorgan y mantienen el poder operativo. ¿Cuantos crímenes tienen que pasar y ser lo suficientemente trascendentes para que rabiemos nuestros lamentos? y nos lleve a tomar decisiones contundentes como los hechos por la heroica sociedad irlandesa que agobiada por la delincuencia organizada, a mediados de los noventa, decidiera protestar y actuar masivamente al considerar que se estaba atentando contra su desarrollo democrático impulso las decisiones jurídicas y políticas necesarias que hicieron posible ingresar a sus cárceles a la mayoría de los delincuentes de todos los grupos, además de actuar contra funcionarios corruptos, desmantelar sus redes de organización y complicidades y confiscar todos los bienes financieros y patrimoniales que le permitió transitar hacia la democracia y el desarrollo independiente pleno.

Imaginemos a nuestro pueblo unido independientemente de partidos políticos, religiones y clases sociales exigiendo, una y otra vez hasta lograrlo, en la calle masivamente manifestándose con sus millones de ciudadanos solicitando a todos los niveles del gobierno en nuestra patria que cese la violencia, que acabe la corrupción, la impunidad, que se actué contra todos los delincuentes y que como respuesta se utilice todo el poder del estado logrando la detención de todos los funcionarios corruptos y los principales delincuentes para someterlos a proceso, con la confiscación de todos sus bienes en beneficio de nuestra patria en el marco de las acciones respaldadas y facilitadas por los tribunales, procuradores de justicia y todos los legisladores del congreso de la unión, sin este primer paso nuestra sociedad esta destinada a sobrevivir en la barbarie y no transitar hacía el fin de la depredación social del neoliberalismo salvaje (como lo expresa Verónika Sieglien en su ultimo libro así titulado ) que nos consume.

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